Los motivos del lobo

hermano lobo

El varón que tiene corazón de lis,
Alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
¡el lobo de Gubbia, el terrible lobo!
Rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel, ha deshecho todos los rebaños;
Los motivos del loboEl varón que tiene corazón de lis,
Alma de querube, lengua celestial,
el mínimo y dulce Francisco de Asís,
está con un rudo y torvo animal,
bestia temerosa, de sangre y de robo,
las fauces de furia, los ojos de mal:
¡el lobo de Gubbia, el terrible lobo!
Rabioso, ha asolado los alrededores;
cruel, ha deshecho todos los rebaños;
devoró corderos, devoró pastores,
y son incontables sus muertes y daños.
Fuertes cazadores armados de hierros
Fueron destrozados.
Los duros colmillos dieron cuenta de los más bravos perros,
como de cabritos y de corderillos.

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Perro vagabundo

perro vagabundo

A ti, perro vagabundo
a quien todos miran, y nadie quiere
cabeza gacha y mirada que hiere
que despierta la más pura sensación,
un amor que palidece
y se convierte en compasión.

A ti, del humano fiel amigo
aunque de él no has recibido
más que pena y decepción.

A ti, que no vives y estás vivo
que buscas por entre las sobras
lo que vale y se ha perdido.

En ti, mi fiel amigo
no veo un ser mal herido
sino un colega que comparte
mi mismo destino…

La soledad.

Plegaria de un perro

Perro te quiero

Dame un pan, y yo te daré amo mío, toda mi lealtad.
Si sabes del dolor de la vida y tu corazón sangra silencioso,
yo me acercare humildemente a ti, y como no sé hablar,
moveré mi cola y lameré tus manos extendidas al desaliento.

Vive seguro de tu heredad, de tu casa,
de tu rancho lejano de la montaña,
porque han de matarme primero antes de permitir que nadie coja lo tuyo.

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Poema a un Gato escrito por Borges

 

gato tímido

No son más silenciosos los espejos ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera que nos es dado divisar desde lejos.

Por obra indescifrable de un decreto divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente, tuya es la soledad, tuyo el secreto.

Tu lomo condesciende a la morosa caricia de mi mano.
Has admitido, desde esa eternidad que ya es olvido, el amor de la mano recelosa.

En otro tiempo estás.
Eres el dueño de un ámbito cerrado como un sueño.

Borges

 

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