
Si nos duele a nosotros la muerte de un animal, imaginemos cómo pueden ver esto los ojos de un niño. Cuando tenía 6 años envenenaron a mi gata Alelí. Compartió la cuna conmigo desde que nací, siempre pendiente de lo que yo hacía, siempre compañera, hasta que tuve que verla fría y dura en la terraza de mi casa.
Mi madre no quería que la vea, pero yo lo necesitaba. Y la acaricié y lloré y me despedí de ella. Esa fue mi primer experiencia con la muerte de un animal. Y le agradezco que me haya dicho la verdad, porque me enseñó que los animales tienen un tiempo de vida que debemos aprovechar, y por sobre todo, que no se trata de juguetes.
Publicado por Amiret en Gatos, Mis Cosas, Nuestros Amigos, Perros el 4 Julio, 2008
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