En una anterior entrada hablábamos del baño del gato, del mito de que no resisten una buena ducha proporcionada por su dueño.
Aquí vemos cómo, posteriormente al paso por el agua, un felino soporta con cierta condescendencia y placer el secado a que lo somete su dueño. Un ejemplo de obediencia y buen gusto.
La cara asustada de un primerizo. Eso es lo que se puede observar en este vídeo en donde bañan a un cachorro por primera vez. Los dueños del perro captaron con orgullo ese hecho hasta entonces inédito.
Nótese el lugar en que lo baña: ¡en la cocina! Aunque el dueño diga: “Estamos todos en el baño ahora”, es imposible no darse cuenta que ese lugar es la cocina. ¿O yo veo mal? De todos modos, hay otros lugares mucho más saludables donde bañar a un perro, ¿no les parece?
Está muy extendida la creencia de que a los gatos no se los baña. Ellos se asean a sí mismos, lo cual es absolutamente cierto. Además, por lo general el agua y este animal no suelen tener precisamente buenas relaciones. Sin embargo, proporcionarles un buen baño a nuestro gato no solo no vendrá mal, sino más bien es necesario en algunos casos.
Los gatos que poseen largo pelaje son los que más necesidad tienen de “darse una ducha”, tanto por razones estéticas como de salud. Para que se acostumbren, puedes bañar a tu gato desde los tres meses. Por un lado harás que se vea mejor, y por otro lo desinfectarás y, si es el caso, espulgarás.